QUITO MILENARIO Y EQUINOCCIAL

         
 
 
 
     
         

Por Simón Espinosa


La ciudad es única por su topografía, cultura y urbanismo. Situado al sur de la línea equinoccial en las faldas del cerro Atacazo, del volcán Guagua Pichincha y del macizo del Rucu Pichincha, Quito se despeña desde los 2.850 m. de altura a los valles más abrigados de Los Chillos y Tumbaco luego de trepar las suaves colinas orientales paralelas a esos montes parcialmente ceñidas por el río Machángara, estos accidentes albergan a dos Quitos contrapuestos: el que serpentea a lo largo de 35 km. solo interrumpidos por el Panecillo o Yavirac, cúspide de una antigua reventazón del volcán y el de los valles orientales. Bañada por una pluviosidad anual de 500 a 2000mm, la semihúmeda ciudad unas veces tirita y otras goza con una temperatura media de 16 grados. Cuando soplan los vientos y calienta un sol inmisericorde, la clarísima luz de su atmósfera permite contemplar un paisaje centellante por |las nieves perpetuas de sus seis mágicas montañas. En los días de invierno, la ciudad invadida por la niebla del páramo se torna fantasmal y se unimisma en su soledad de frío y de misterio.
El Misterio de Quito

El misterio se extiende a los orígenes de Quito. Entre el 1500 a.C. y el 500 a.C. floreció la poco conocida cultura Cotocollao. Mil años después, el discutido Reino de Quito formado por una confederación de pueblos indios se había opuesto al avance de los incas. Hoy se habla, más bien, de una zona preincaica habitada por diversos señoríos étnicos y estructurada en núcleos de articulación jerarquizados, el más importante de los cuales fue el actual centro de Quito. A comienzos del siglo XVI, los incas del Cuzco ocuparon ese emplazamiento aborigen. Allí habían probablem ente establecido un centro administrativo para controlar los territorios equinocciales incorporados a su imperio y habrían construido edificaciones religiosas y militares.