CIUDAD
Cuando el quiteño Atahualpa enfrentaba a Huascar por el control
del Tahuantinsuyo, aparecieron los españoles comandados por Francisco
Pizarro. Vencido Atahualpa en Cajamarca, Sebastián de Benalcázar
avanzó hasta Quito. Lo halló incendiando por mano de Rumiñahui,
cabecilla de la resistencia. Con este gesto heróico se cerró
una etapa de la historia de la región. Benalcázar estableció
la nueva ciudad de San Francisco de Quito el 6 de diciembre de 1534. Dos
meses antes, la ciudad había sido fundada por Diego de Almagro
al sur del actual emplazamiento.
Siete años después Francisco de Orellana, partiendo de
Quito en busca del país de la canela, descubría el Amazonas.
Veintiún años más tarde, Felipe II creó la
Real Audiencia de Quito. Su jurisdicción abarcaba una superficie
cinco veces mayor que la de la actual República del Ecuador, por
todo este pasado se considera a Quito como El Núcleo de la
Nacionalidad Ecuatoriana La ciudad colonial se cubrió de
gloria gracias al esplendor de su arte, al adelanto de su cultura, a su
afán misionero y al amor por la libertad.
Enriquecida por la explotación minera y la producción textil,
pudo construir templos barrocos y mudéjares adaptados con originalidad
al ambiente local y los ornamentó con gran profusión de
pinturas y tallas que forman un mundo mágico, de innegable valor
didáctico religioso. Fue la época de la afamada Escuela
Quiteña, obra del mestizaje indio y español. Por este despliegue
de genio se llama a Quito Relicario del Arte en América.
Los geodésicos franceses del sistema decimal introdujeron en Quito
el espíritu racionalista moderno y usaron la magnífica biblioteca
de la Universidad Jesuita de San Gregorio. Quito alimentó la extraordinaria
empresa de las misiones de Jaén y Mainas.
En Quito nació y vivió Mariana de Jesús, santa y
patriota. De Quito salió el más ilustre e ilustrado de los
precursos de la independencia americana, el mestizo Francisco Javier de
Santa Cruz y Espejo. Quito volvió a brillar en la década
heróica que se inicia en 1809. Adelantada al resto de la América
española, proclamó su independencia, la fecundó con
la sangre de sus hijos martirizados el 2 de Agosto de 1810, la defendió
en las campañas de 1812 y ofreció el baluarte de su montaña
sagrada para sellar la independencia de la actual República. Por
estas primicias de libertad Quito es llamado Luz de América.
Quito, capital de la nueva República, ha mantenido su espíritu
rebelde hasta nuestros días.
Lo prueban el asesinato de Gabriel García Moreno, el tirano ilustrado,
primer paso hacia la Revolución Liberal; la Revolución Juliana
de 1925 para rescatar el estado de manos de la plutocracia bancaria; la
figura de José María Velasco Ibarra, campeón de la
libertad de sufragio; la comprensión con que la mayoría
del pueblo quiteño ha acogido las reivindicaciones de los pueblos
indios y el desenfado de sus agudos grafiteros.
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