La
geopolítica de la sociedad del conocimiento
El siglo XXI presenta grandes desafíos
para el Estado-Nación conformado durante la revolución
industrial. Los cambios dramáticos en la infraestructura
económica y social conducen a la necesaria modificación
de la superestructura política y jurídica. El
Estado–Nación enfrenta desafíos tanto
por la supranacionalización (que provee marcos regulatorios
para la globalización) como por la descentralización
(que responde a las demandas de autonomía para un más
eficiente manejo de las ciudades y regiones).
En la era actual, el Estado–Nación pierde poder
efectivo por la supranacionalización y por la descentralización.
Por una parte, las presiones a la supranacionalización
obedecen a que el Estado está perdiendo autonomía
para el manejo de asuntos tales como la macroeconomía,
los derechos humanos, el medio ambiente, el narcotráfico,
la proliferación de armas de destrucción masiva,
etc., los cuales caen progresivamente en la órbita
de la comunidad internacional; las fuerzas de la globalización
están desarticulando la forma específica de
intersección entre soberanía y territorio.
Por otra parte, la emergencia del poder subnacional es evidente.
En el mundo entero se está operando una transición
del Estado-Nación al “Estado de Regiones”.
Las economías regionales dinámicas resultan
más funcionales a los nuevos circuitos de la economía
mundial. La emergencia de ciudades y regiones de preeminencia
global está en el origen de la re-territorialización
del desarrollo.
La globalización económica y cultural se caracteriza
por una compleja red de flujos de información, capitales,
mercancías y personas que integra a todo el planeta.
Las ciudades–región constituyen los nodos de
infraestructuras y servicios avanzados de esta red de flujos:
así organizan y sustentan la economía mundial.
Las ciudades que no logran articularse en este sistema de
flujos globales se marginan de los procesos de desarrollo.
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